El presidente fallido

Posted on 1.septiembre.2009

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Esta columna critica el desempeño de la presidencia y su gabinete ahora que dentro de poco alcanzará la mitad de su gestión:

http://www.jornada.unam.mx/2009/09/01/index.php?section=opinion&article=016a1pol

Me llamó la atención el siguiente extracto:

…el combate a la delincuencia organizada se tradujo en la presencia desmesurada del ejército en las calles, cubriendo funciones civiles sin que en el país se haya decretado formalmente el estado de excepción.

Cierto, si el ejército ha tenido que salir a guerrear contra la delincuencia es porque vivimos tiempos particularmente difíciles. Tiempos de una guerra intestina. Dudo que los palazos sean la única manera de combatir a las organizaciones criminales, la inteligencia de nuestro gobierno debería de estar compuesto por un equipo multidisciplinario de expertos que así pueda diseñar tácticas que debiliten a la delincuencia desde diversos ángulos. Deben atajar sus movimientos y operaciones. Un ejemplo es el trasiego no solo del producto terminado sino de las materias primas que, como ya se evidenció en el patético caso del famoso Ye Gon, pasan por nuestras aduanas en volúmenes gigantescos como gato por su casa gracias a chanchullos «legales» —aunque este sustantivo  contrapuntee con aquel adjetivo (es que nuestro gobierno hace legal lo que sea, hasta las fallas semánticas que le repatean a la RAE)—. Podrían, también, bloquearse activos indirectos como el armamento que, por lo que he leí en una de las investigaciones de Proceso, la mayoría viene de los EU. En los últimos días ha sido noticia la voluntad de nuestros vecinos norteños de enviar soldados a un pueblo sudamericano que, en términos de inversión (ojo que digo «inversión» y no «gasto»), han de significar una millonada… ¿Por qué entonces no ayudarnos un poquito controlando más la compraventa de armas en su territorio?, al cabo que no les estamos pidiendo carretadas de soldados para engrosar nuestras filas que son populosas de por sí.

Desde mi perspectiva, el que el gobierno haya escogido la estrategia del sheriff del salvaje oeste tiene primordialmente dos razones:

  1. Se caza a los peones, no a los reyes; así se dificulta —y es la intención— dar con los políticos corruptos con los que enrocan.
  2. A un tiempo se justifica y se honra el despliegue del ejército, el brazo más duro del gobierno, a lo largo y ancho del territorio, lo que refuerza a un gobierno del que la validez de su elección se ha puesto en entredicho. A los pocos días de tomar su cargo, el presidente Calderón movilizó a sus tropas, dudo en equivocarme al pensar que no le hubiera temblado la voz para hacer uso de la fuerza en caso de brotes de rebeldía popular en aquellos días en que estaban más vivas las acusaciones de usurpación en su contra.
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