Alerta roja ambiental

Posted on 27.septiembre.2009

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En El País vi esta noticia en la que expertos opinan de las decisiones tomadas por el G-20 en materia de contingencia ambiental:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/rebajas/emisiones/anunciadas/bastan/estabilizar/clima/elpepusoc/20090926elpepisoc_7/Tes

Limitar el calentamiento del planeta a un nivel aceptable no será sencillo. Los expertos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) han estimado que las emisiones de CO2 deben reducirse en unas 17 gigatoneladas en 2020 respecto a la tendencia actual para que la temperatura del planeta no aumente más de dos grados centígrados. Sin embargo, con los planes anunciados en la ONU, y que suponen un enorme esfuerzo de inversión, aún faltarían entre tres y cinco gigatoneladas para conseguir limitar el calentamiento, según explicó ayer la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera.

Yo hice el énfasis en negritas.

“Gigatoneladas”, no había escuchado esa unidad de peso; por el significado de su prefijo, debe de equivaler a un mil millones de toneladas.

Lo que comenta el análisis es que aún cuando los países del G-20 redujeran sus emisiones de acuerdo a lo que pactaron, el resultado sería insuficiente.

Este fragmento me resulta especialmente preocupante:

La urgencia por reducir la emisión de gases de efecto invernadero crece casi cada día. El jueves, un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente alertó de que las peores previsiones de calentamiento que el IPCC lanzó en 2007 se estaban quedando desfasadas: que los glaciares se funden más rápido de lo previsto y que la subida del mar es mayor de la anunciada.

¿Seremos los seres humanos capaces de renunciar a ciertas comodidades, que hasta ahora veíamos como bondades de la modernidad, en pos de nuestro ámbito y consiguiente bienestar de la vida en el planeta?

Podríamos volver a los envases retornables, por ejemplo, sería más latoso tener que ir a la tienda de la esquina con los frascos de leche para intercambiarlos por unos llenos, pero bien lo vale si con ello dejamos de desechar millones de recipientes plásticos a diario. Cuando era pequeño, los envases reusables eran de lo más normal, no solo para leche sino también para refrescos; igualmente comunes eran las bolsas del mandado en las que nuestras madres portaban la despensa que compraban en el mercado.

No es necesario renunciar a la civilización para aliviar los males que le hemos hecho a nuestro ambiente, pero sí renunciar a falsas necesidades como no cargar bolsas y envases vacíos y traerlos llenos al aprovisionarnos.

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