Cosificación… ¿qué cosa?

Posted on 7.noviembre.2009

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Me conminó mi apá a que investigara unos términos que me dictó, ya adentrado en la faena me di cuenta que estaba yo filosofando, confieso que no soy ducho en el barrunto reflexivo, o sea, el pensamiento volcado sobre sí mismo, por lo que la investigación de los términos y su digestión terminaron calentándome tanto la maceta, y tanto me hicieron atar cabos, que creo el propósito de mi padre no era “conminarme” sino “contaminarme” (!).

Los términos:

  • Cosificación
  • Materialismo Dialéctico
  • Alienación
  • Mistificación
  • Mitificación

Enseguida desarrollo el primero de la lista:

COSIFICACIÓN

http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiacontemporanea/Sartre/Sartre-DialecticaCosificacion.htm

Dialéctica De La Cosificación

Con esta expresión Sartre se refiere a la forma inevitablemente conflictiva de relacionarse las personas. El trato con los demás es siempre un conflicto entre libertades, un enfrentamiento en el que se busca cosificar a los demás y evitar ser cosificado por ellos.

Por lo que veo, la cosificación es una faceta de la eterna pulsión de dominancia de un ser humano sobre sus semejantes.

Lo que nos hace personas es nuestra capacidad y necesidad para construirnos a nosotros mismos en función de nuestros proyectos… lo que nos hace sujetos, no meras cosas. Las cosas no tienen subjetividad, ni voluntad, ni metas, ni están abiertas al futuro, las personas sí.

Quizás esta última idea se puede resumir en que, lo que nos diferencia a las personas de las cosas, es el pensamiento. Este nos brinda las capacidades alistadas arriba.

Pero el hombre necesita del otro para su propia realización y para el reconocimiento de sí mismo; no es posible la vida humana solitaria.

[…] ¿es posible tratar al otro como a un sujeto, como un ser que tiene sus propios proyectos, como un ser libre? La respuesta de Sartre es pesimista: no. Invariablemente, en la relación con los demás o bien el otro nos tratará como meras cosas o bien nosotros lo trataremos a él; yo intento esclavizar al otro y el otro intenta esclavizarme a mí.

No estoy de acuerdo en que los seres humanos somos en esencia amos en busca de esclavos, lo más cercano a esa supuesta proclividad ha de ser nuestra habilidad para intentar hacer de cada allegado un instrumento de nuestros intereses, ejemplar es nuestra propensión a buscar puntos afines en nuestros semejantes para reforzarnos de manera recíproca.

La esencia de las relaciones interpersonales es el conflicto. Sartre expresa gráficamente esta idea señalando que “el infierno son los otros”.

Desde mi punto de vista el fundamento de las relaciones es la negociación, pues su apoyo es imprescindible para mantener el equilibrio; el conflicto está en uno de los extremos a rehuir, significa la derrota de la negociación.

El conflicto de las libertades puede tomar muchas formas pero se desenvuelve en dos actitudes principales: o bien uno se esfuerza en reducir al otro al estado de objeto para afirmarse como libertad, o bien uno asume su ser objeto, se convierte libremente en cosa delante de otro para captar su libertad, para reconocerle como sujeto:

  1. Intento de relacionarse con el otro reconociendo en él su libertad, su subjetividad: conduce inevitablemente a tratarnos a nosotros mismos como objetos, como seres no libres; las tres expresiones de esta actitud son el amor, el lenguaje (entendido como toda forma de expresión, no sólo como palabra articulada) y el masoquismo Pero las tres fracasan pues aunque consiguen el reconocimiento del otro en su poder, en su subjetividad y libertad, anulan nuestra libertad y subjetividad, hecho que siempre despertará nuestra rebelión pues jamás podemos prescindir de nuestra libertad.
  2. Intento de afirmar la propia libertad, la propia subjetividad: lleva a tratar al otro como objeto, como esclavo de nuestra subjetividad. Fracasa porque el otro nunca puede renunciar a su libertad. Sartre describe las conductas de indiferencia, deseo, (particularmente deseo sexual), sadismo y odio, como ejemplos de esta actitud.

En este punto se redefinió al conflicto, ahora no en los términos generales de las relaciones interpersonales sino de la libertad del individuo. La idea de un asalto cotidiano al derecho ajeno, aunque un tanto chocante, rebasa la teoría y su acción se descubre en el mundo real, la toma de roles puede ser una forma de aceptar la merma de la libertad así como una opción socialmente viable de coartar la de otros, asumir la responsabilidad de un rol exime a los demás de ser “atrapados” por ella.

Estas reflexiones me dan la pauta para adentrarme en terrenos de la política. La explotación del hombre por el hombre engendró la lucha de clases, que es un ejemplo vívido del conflicto de la gente por quitarse de encima el vasallaje o, en los sistemas capitalistas desarrollados, hacerlo menos abusivo y más tolerable. En otras palabras, la lucha clasista es el forcejeo entre los seres humanos para definir quién se colocará en la cúpula y quién será el explotado. Siento curiosidad por saber lo que pensaba Sartre del comunismo, si un sistema que procura la equidad social sería para él una solución viable para acotar el impulso del sometimiento. Me pregunto si en en un sistema que obliga a la equidad, el impulso de dominar en lo social permanece latente y genera tal presión que un día logra reventar el sistema. Si así fuera, puede decirse que el egoísmo, inherente a la naturaleza humana, es el principal enemigo de los modelos equitativos.

Percibir al prójimo como objeto tiene que ver con el egoísmo, la ilusión que nos susurra dice: «eres un ser poseedor de verdades y derechos absolutos, los demás no pueden decir lo mismo». Soslayar la humanidad de los semejantes nos aligera la existencia, nos libera de la culpa de las acciones inmorales que podamos cometer o que aceptemos e incluso encomiemos en terceros; entonces, la conversión inconsciente de nuestros congéneres en objetos -la cosificación- puede ser un esfuerzo por detentar su carácter humano y, con toda intención, vadear el de otra manera inevitable sufrimiento que nos traería cualquier acción innoble de nuestra parte. Dicho de otra manera, echamos mano de la cosificación siempre que, evitando el remordimiento, hacemos de un avecindado una herramienta en función de nuestros propósitos.

No alcanzo a vislumbrar cómo el reconocimiento de la libertad de nuestros compañeros de camino «conduce inevitablemente a tratarnos a nosotros mismos como objetos, como seres no libres». Desde mi punto de vista, la empatía es una virtud que humaniza, no lo contrario, que nos permite percibir el ser ajeno de la manera más próxima posible al propio ser.

Tengo que estudiar el existencialismo para comprender por qué considera el lenguaje como una expresión de la cosificación. Reconozco el amor y el masoquismo como una resignación y/o aceptación íntimas del poder que otro ser humano puede tener sobre uno.

Que la indiferencia, el deseo, el sadismo y el odio nos fuerzan, cada una por su lado, a cosificar el objeto de nuestra pasión, es una treta que moraliza nuestro comportamiento y lo justifica ante nuestros ojos. La treta se basa sin duda en la moral de dos caras de nuestra naturaleza, jueza implacable que condena la inmoralidad en lo ajeno y la redime en lo propio.

(Los demás términos que me dejó mi apá de tarea los desarrollaré en otras anotaciones).

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