Festejemos la Revolución Mexicana

Posted on 2.diciembre.2009

0


Dijera mi amigo César, este tipo de situaciones recuerdan el México Bárbaro del valeroso John Kenneth Turner:

http://www.eluniversal.com.mx/primera/34019.html

Jornaleros, presos en la “tierra prometida”

Thelma Gómez Durán

Comienza relatando la penuria de Cruz Ángel Alcalá, un mexicano necesitado, en un rancho a varias horas de Ensenada, Baja California:

Lo que vio no se parecía en nada al panorama que le habían pintado. Los jornaleros no podían salir. La comida que les daban era poca y mala, dormían en galeras y trabajan más de ocho horas diarias, cortando espárragos.

Después de dos intentos y varias semanas de encierro, Cruz Ángel escapó.

Denunció las tropelías, informó que habían alrededor de 30 jornaleros en la misma situación. (“Esclavos” creo que es una mejor definición de su condición). El reportaje dice textualmente:

Ninguna autoridad investigó su caso.

Luego da unos detalles más sobre el alcance de esta ilegal e inhumana explotación:

Lo que le sucedió a este oaxaqueño, de 28 años, es la muestra extrema de la explotación laboral que viven hombres, mujeres y niños, jornaleros que trabaja en los campos de cultivo de Baja California, Sinaloa, Sonora, Chihuahua o Michoacán.

Lo mismo: las víctimas de esta especie radical de explotación no pueden ser llamados jornaleros ni trabajadores, son meros esclavos. Esas víctimas por lo regular, lo que no me causa sorpresa pues son un grupo vulnerable, pertenecen a etnias indígenas:

Un ejército que se integra por casi 3 millones de personas, la mayoría indígenas y migrantes. Son originarios de Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Veracruz, Guanajuato, Chiapas y otras entidades.

Ello me hace acordarme una vez más del “gobierno incluyente” mentado por el señor Gomez Mont. [1]

Ya lo decía yo:

“Son los esclavos modernos”, dice Margarita Nemesio, coordinadora del área de Migrantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. “Es una población explotada, a la que no se le respetan sus derechos y a la que se tiene encadenada a la pobreza”.

¿Qué tendrá que decir al respecto nuestro Secretario de Gobernación? ¿A qué se refería al hablar de que México no era el de antes y hoy es incluyente?

Lo mismo sacarían por limpiar un parabrisas:

Por una cubeta de 20 litros llena de jitomate, reciben 3 pesos. Por “hilar” un surco de chícharo, 5 pesos.

Otro testimonio:

Trabajar en un campo de girasoles no es algo romántico. Natalia puede decirlo… Esta joven, de Tlaxiaco, Oaxaca, corta flores en el Rancho Twins. Su labor empieza antes de que el sol salga y termina casi a las cuatro de la tarde. El trabajo es duro, los dolores de cintura constantes. El sueldo, cuando lo hay, es de 120 pesos al día.

—Hace dos semanas que no nos paga el patrón.

—¿Por qué?

—No hay dinero, dicen.

—¿Y ustedes, qué hacen?

—Ahorramos o pedimos prestado.

¿Quién dijo que las tiendas de raya eran un fenómeno prerevolucionario ya superado?

Muchos jornaleros piden fiado en las tiendas que, en su mayoría, son de los mayordomos. Hay quienes deben hasta 9 mil pesos.

9 mil pesos de deuda entre 120 pesos de salario diario… me dan 75 días íntegros de salario para saldar lo que deben, o lo que es lo mismo dos meses y medio. Sin embargo, tenemos que tomar en cuenta que el deudor no tiene certeza de si recibirá una paga por su jornada, lo que puede postergar el finiquito de su adeudo mucho tiempo más. La conclusión del investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa Florencio Posadas Segura es que «obtienen una tercera parte del salario que deberían recibir».

Dónde quedó el Artículo 123:

Juan, indígena triqui de 28 años, ha sido jornalero la mitad de su vida. Sabe de abusos laborales: “Hay ranchos donde entras a las siete y sales a las siete de la noche. Si te sientas antes de la hora, el mayordomo te castiga. Cuando hay mucho trabajo, no descansas ni domingo. Si fallas un día, cobras la mitad de la semana. Dan agua salada que te da diarrea”.

El siguiente es un consenso generalizado entre los patrones acerca de sus trabajadores migrantes, de acuerdo a las indagaciones del experto de la universidad sinaloense:

Este investigador ha entrevistado a empresarios agrícolas. La opinión generalizada entre los patrones, señala, es que los migrantes nacieron para trabajar en el campo, “pues están chaparritos, tienen la estatura adecuada”, dicen. Además, “creen que hacen un favor a esta gente al darles trabajo”.

El siguiente párrafo me recuerda el tema de la cosificación [2], hay un punto en el que el explotador hace a un lado el hecho de que está tratando con seres humanos:

En sus recorridos por los campos, Posadas Segura ha comprobado que se utilizan plaguicidas prohibidos, como el Parathion. “En Sinaloa, las avionetas fumigan encima de los trabajadores”.

Para quién está la Constitución:

En 1995, reformas a la ley hicieron obligatorio el Seguro Social a los trabajadores eventuales del campo, recuerda María Teresa Guerra Ochoa, autora del libro Los trabajadores de la horticultura sinaloense. Los empresarios se ampararon para no cumplir con la obligación.

Su condición de indígenas los estigmatiza:

Herederos de la pobreza

Posadas Segura, en su libro El proletariado agrícola en el estado de Sinaloa, señala que las “cuarterías” o “galeras” son “campamentos de concentración de obreros agrícolas”. En las “cuarterías” es común que los niños, de 7, 6, 4 y 3 años, se queden solos mientras sus padres salen a trabajar al campo.

El promedio de estudio de los jornaleros es de tercer grado de primaria.

Y eso que Calderón daría la vida por nuestros niños: [3]

“Estos niños heredan la pobreza. No pueden salir de ese círculo porque no están sanos y no se van a educar. Es la población más vulnerable del país”, asegura Nashieli Ramírez, de Ririki Intervención Social, organización que trabaja con niños migrantes.

Denuncia el artículo que es tradición que los hijos de jornaleros comiencen a trabajar desde los 11 o 12 años; sobre la legalidad de esto puntualiza:

En México está prohibido que los menores de 14 años trabajen, pero no está penado en el Código Penal Federal.

Llegado a este punto, tal vez muchos nos preguntamos por qué las felonías contra trabajadores indígenas son soslayadas por las diferentes autoridades, enseguida vienen algunas respuestas:

Amigos del Presidente

La investigadora Guerra Ochoa resume en una frase por qué los empresarios agrícolas que explotan a los jornaleros no son sancionados, aunque violen diversas leyes: “Tienen mucho poder económico y político. Han sido consentidos por el Estado. Es un sector que tiene interlocución directa con el Presidente”.

No exagera. El 4 de marzo de 2009, el presidente Felipe Calderón terminó su gira de trabajo por Baja California con una fiesta en el Rancho Los Pinos, en el Valle de San Quintín.

Las crónicas periodísticas informaron que el festejo fue para celebrar el cumpleaños de Benjamín Rodríguez Hernández, uno de los propietarios del rancho. El otro dueño es Antonio Rodríguez Hernández, ex diputado en Baja California y ahora secretario de Fomento Agropecuario en la entidad.

Este rancho también es famoso porque las “cuarterías” donde viven sus trabajadores están rodeadas por “una malla” de alambre y el acceso es vigilado por guardias.

El año entrante se cumplen 100 años del inicio de la Revolución Mexicana, las autoridades en diversos niveles han programado actividades para participar en la conmemoración. Qué ironía… ¿quién les dijo que la Revolución se consumó? Para festejar, harían mejor en programar la solución de hechos inaceptables como este documentado en el reportaje, en lugar de los insulsos actos que hasta ahorita han propuesto.

Notas:

  1. https://deshollinador.wordpress.com/2009/11/20/a-99-anos-del-comienzo-de-la-revolucion/
  2. https://deshollinador.wordpress.com/2009/11/07/cosificacion-%c2%bfque-cosa/
  3. https://deshollinador.wordpress.com/2009/11/20/calderon-dice-tomaria-riesgos-por-ninos/
Anuncios
Posted in: Noticias