Crisis grande, salarios chiquitos

Posted on 19.diciembre.2009

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Los bajo salarios son una argucia mediante la cual los patrones aumentan sus ganancias, dicho de otra forma, se quedan con una mayor parte del plusvalor [1] generado por sus trabajadores. Robándome una poca de la empatía estoica del eminente Chomsky, puedo decir que no cometen esa injusticia sólo por abuso, sino que se ven obligados ante la salvaje competencia global, las grandes corporaciones establecen sus plantas de manufactura en países paupérrimos en los que pueden conseguirse empleados que aceptan fatigantes jornales a cambio de un salario miserable, ¿cómo pueden competir contra ello las empresas no globalizadas o las que lo son pero no aceptan dicho ardid deshumanizado (que deben ser las menos)?

Por otro lado, es contraproducente mantener a los trabajadores con bajos sueldos, quizás el patrón se va -como decimos en México- con la finta, y no ve la inminente detracción en la capacidad de consumo del grueso de la población, reducción que se verá reflejada directamente en los volúmenes de venta y, por ende, los de producción. ¿No es de alguna manera ganarle mucho a poco en lugar de ganarle poco a más? Los patrones pierden de vista que en la pirámide social, la mayoría de sus clientes finales radican en la base.

http://www.jornada.unam.mx/2009/12/19/index.php?section=opinion&article=002a1edi&partner=rss

Minisalarios e irrealidad

Con el incremento avalado el pasado jueves, de 4.85 por ciento a los salarios mínimos –que representa poco más de dos pesos al día–, se consuma un nuevo revés a la economía de los trabajadores y sus familias, se preserva el deterioro generalizado en las condiciones de vida de la población y se confirma el carácter y antipopular del grupo que detenta el poder, así como su falta de realismo y sensibilidad social.

Por ello, en la neolengua de la derecha, las ideas afines al pueblo son trastocadas y anatemizadas como “populismo”.Apunta el artículo que en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM)…

[…] volvieron a escucharse los argumentos falaces de los empresarios en torno a la conveniencia de no conceder un aumento digno al minisalario para “preservar el empleo y la productividad”.

Disiento. Como ya puntualicé, mantener a los empleados con sueldos precarios conlleva a un bajo consumo que, a su vez, genera una menor demanda, baja producción y, por consiguiente, y volviendo al inicio del ciclo, pérdida de empleos.Una sátira:

La representación sindical que acudió a las negociaciones –la Confederación de Trabajadores de México y el Congreso del Trabajo– volvió a manifestarse “insatisfecha” por el raquítico incremento, pero llamó a aceptarlo como un sacrificio “para reactivar la economía”.

¿A poco no está para reir? (O para llorar, depende de como esté de ánimo). Quién quiere una representación obrera que agacha la cabeza y se deja flagelar por la clase noble. Estos líderes sindicales me recuerdan a los capataces de la esclavitud, tan esclavos como el resto pero se granjeaban una mejor vida merced a su sumisión incondicional al amo, aun cuando esa obedencia implicara convertirse en un instrumento de sufrimiento para sus semejantes.

Dice la nota que el raquítico incremento sólo vendrá a sumarse al cúmulo de adversidades que nos están esperando:

  • Inflación que rebasa por mucho el incremento oficial al salario.
  • Incremento recién aprobado a los impuestos IVA e ISR.
  • Alzas inminente a la gasolina y la electricidad.

Algo en lo que nunca había cavilado:

Es evidente suponer que quienes terminarán padeciendo las peores consecuencias de estos aumentos de precios serán los sectores que no pueden transferirlos a terceros, es decir, los consumidores finales, entre ellos los trabajadores asalariados.

Revelador:

La Organización Internacional del Trabajo ubica a México como uno de los países con mayor deterioro en los salarios y apunta, en un informe reciente, que mientras los sueldos se incrementaron a escala mundial entre 1.4 y 4.3 por ciento en 2007 y 2008, en nuestro país se dio una reducción de 3.5 por ciento.

Nuestro gobierno, que usualmente arguye su sujeción a la Constitución como un síntoma de su naturaleza democrática, además de atropellar a los ciudadanos tergiversando las leyes en Ella escritas con hierro (a veces con “yerro”), cuando le resultan desfavorables no solo llega a omitirlas sino hasta a violarlas:

[…] nadie puede esperar que con los actuales niveles de las percepciones se dé cabal cumplimiento al artículo 123 constitucional (cuya fracción sexta señala: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”), y porque es claro que en el supuesto tripartismo de dicha comisión no tienen cabida la voz y los intereses de los trabajadores, sino sólo los del gobierno y los patrones.

Qué realidad desconsoladora.

Notas:

  1. Plusvalía y unas ecuaciones sobre la explotación: https://deshollinador.wordpress.com/2009/11/18/plusvalia-y-unas-ecuaciones-sobre-la-explotacion/
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