1984

Posted on 7.enero.2010

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Lei la novela 1984 del meritorio George Orwell cuando era adolescente; en ese tiempo no contaba con la madurez ideológica para comprenderla, resultó para mí una buena novela de ciencia ficción y nada más. Varias décadas después, al darme cuenta de que se considera al autor el padre del arte de la creación sistemática del consenso, y a 1984 su magnum opus, adquirí de nuevo la obra y la leí de un sorbo. Ahora veo que no es tanto que él haya establecido las reglas para manipular a las masas, su obra no es vil, sino que expone hasta dónde podría llegar el artefacto propagandístico usado por una oligarquía para, con toda intención, apoderarse de las vidas de sus gobernados y perpetuarse en el poder.

El libro está en línea en el portal de Scribd:

http://www.scribd.com/doc/6544731/1984-George-Orwell


* * *

Prefiero las versiones en papel pues tengo la costumbre de enfatizar con un crayón colorado los fragmentos que me resultan más interesantes. De este libro, les comparto mis apuntes a partir de este punto.

Lo horrible de los Dos Minutos de Odio no era que cada uno tuviera que desempeñar allí un papel sino, al contrario, que era absolutamente imposible evitar la participación porque era uno arrastrado irremisiblemente. A los treinta segundos no hacía falta fingir. Un éxtasis de miedo y venganza, un deseo de matar, de torturar, de aplasar rostros con un martillo, parecían recorrer a todos los presentes como una corriente eléctrica convirtiéndole a uno, incluso contra su voluntad, en un loco gesticulador y vociferante.

La propaganda se apoya en ciencias que escrutan los deseos de los seres humanos, entre aquellas la psicología. Saben bien que la mejor manera de manipular a un ser humano es mediante sus emociones. La guerra sucia, cuyo abuso rutila en tiempos electorales, busca crearle a los votantes una aversión que afecte a los opositores políticos, infundada y sin embargo sumamente poderosa. La próxima vez que sienta ganas de espetar contra un candidato, pregúntese qué lo orilla a hacerlo.

Aquí se describe la desilusión y la soledad padecidas por quienes nadan contra corriente (¿le son familiares?):

A Winston le parecía estar recorriendo las selvas submarinas, perdido en un mundo monstruoso cuyo monstruo era él mismo. Estaba solo. El pasado había muerto, el futuro era inimaginable.

No hay desilusión sin el nacimiento de una nueva ilusión… o el renacimiento de una pasada:

Para el futuro, para el pasado, para la época en que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios…

Como concluyeron unos en un debate “tuitero”, y aunque la conclusión huela a paradoja, «la única intolerancia tolerable debiera ser la que atacase a la misma intolerancia».

Dicen que la historia la escriben los vencedores:

Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad. “El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado”.

Lo siguiente me recuerda las mutilaciones que en México se hicieron a los libros de texto de enseñanza básica [1]:

Este proceso de contínua alteración no se aplicaba sólo a los periódicos, sino a los libros, revistas, folletos, carteles, programas, películas, bandas sonoras, historietas para niños, fotografías…, es decir, a toda clase de documentación o literatura que pudiera tener algún significado político o ideológico. Diariamente, y casi minuto por minuto, el pasado era puesto al día.

Por último, en un lugar desconocido estaban los cerebros directores que coordinaban todos estos esfuerzos y establecían las líneas políticas según las cuáles un fragmento del pasado debía de ser conservado, falsificado otro, y otro borrado de la existencia.

Pan y circo para el pueblo… (aunque en México es sólo circo sin comida). El circo, como la gran pasión que provoca el futbol, como los programas chatarra que se ven en la televisión, en verdad no nos van a sacar del hoyo y nomás nos distraen de los males que como sociedad sufrimos, toleramos y, por tanto, dejamos sin resolver:

Allí se producían periódicos que no contenían más que informaciones deportivas, sucesos y astrología, noveluchas sensacionalistas, películas que rezumaban sexo y canciones sentimentales compuestas por medios exclusivamente mecánicos en una especie de caleidoscopio llamado versificador.

Un concepto bastante interesante que expone Orwell es la manipulación del lenguaje como medio para modificar el pensamiento; su idea es que al eliminarse a conveniencia ciertas palabras, las ideas abstraídas por ellas terminarán esfumándose, por decir un ejemplo, si en un pueblo subyugado se proscribiera la palabra “libertad”, entonces a la larga el concepto que sujeta se disiparía, los oprimidos dejarían de pensar en su condición de esclavitud y no cavilarían en ese impulso que podría llevarlos a romper sus cadenas. Otra manera de trastocar el lenguaje para conseguir afectar el pensamiento, es falsear a conveniencia el significado exacto de una palabra, tal táctica retórica la usan los políticos con frecuencia, por dar un ejemplo, cuando un país invade a otro, los voceros de los invasores declaran que se trata de «una maniobra para la preservación de la paz», como si “guerra” y “paz” no tuvieran acepciones contrapuestas semánticamente. No sólo se utilizan estas acrobacias retóricas para minimizar los actos, también para, como lo dije antes, crear una automática repulsión hacia el enemigo; bien dicen que en la guerra hay dos batallas que se desarrollan en forma simultánea, una en el campo de batalla y otra, no menos encarnizada, en los medios de comunicación. Un ejemplo son los frentes de liberación de los pueblos vapuleados cuyo objetivo es intentar expulsar a los invasores (o al menos procurarles una estancia terrible), ellos se convierten, de acuerdo al glosario de los invasores, en «unos terroristas peligrosos para la humanidad». Como ejemplo tangible bastan los discursos de la señora Hillary Clinton, quien no titubea en menudear las «expresiones peligro para la humanidad» y «peligro para la democracia» en sus continuas condenas a los pueblos adversos al neoliberalismo.

¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente?

(Más abajo hay unos enlaces a las siguientes páginas de este análisis).

Notas:

  1. < Madero insta a revisar mutilación en libros de texto de la SEP: http://www.eluniversal.com.mx/notas/621734.html
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