Absolutismos virtuosos vs. democracias abyectas

Posted on 18.febrero.2010

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Estaba leyendo la introducción de la  enciclopedia Historia del Siglo XX y me topé con una breve semblanza del monarca Pedro II de Brasil, decía que a tal personaje lo distinguía su hambre de conocimiento, virtud que lo hizo acuciar la expansión y el desarrollo de la erudición en la sociedad brasileña. Como dichas cualidades son excepcionales en un monarca, me dio curiosidad por saber más de él y me encontré una biografía en la siguiente dirección:

http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=2686&cat=biografiasuelta

Generalmente cito secciones del texto del que hablo, pero en este caso haré una excepción puesto que la advertencia de derechos de propiedad ostentada en la página es bastante estricta:

Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)

En lugar de citar o reproducir fragmentos, expondré a continuación lo que aprendí de la lectura:

Nuestro personaje nació en cuna de oro en 1825, fue hijo de los monarcas Pedro I y Leopoldina. Su padre le concedió la corona cuando Pedro I era aún menor de edad, mas, a pesar de su inmadurez física, su intelecto era notable y gobernó con prestancia. Su regencia comenzó en 1831. En 1840 su reinado fue vapuleado por el Parlamento, tras lo cual, dejó de ser el rey y asumió una jefatura de Estado, no obstante, merced a su inteligencia se las arregló para seguir siendo el mandamás.

Su acción quizás más loable fue la abolición de la esclavitud en Brasil; se suma al mérito de tan loable labor el que supo llevarla a cabo con transigencia y sigilo, lo que coadyuvó a evitar los costos en suma sangre que la misma abolición provocó en otros países.

Gustaba de la profundidad del pensamiento y el arte, por ello se allegaba amistades distinguidas en las diversas disciplinas políticas, artísticas y científicas. Aprendió a hablar en varias lenguas y durante su vida solventó causas que tuvieron en común la erudición.

En 1889 fue depuesto y desterrado por un alzamiento militar. Murió en París en 1891.

Después de leer sobre su obra (y omitiendo por ignorancia cualquier exceso de poder en el que pudo haber incurrido), llego a la conclusión de que existieron autocracias, monarquías y otras clases de gobiernos absolutos más entusiastas, progresistas y justos que algunas democracias contemporáneas. O sólo será que éstas han venido perdiendo su lustre y se están asemejando cada vez más a las regencias totalitarias del pasado. En suma, quizás lo más importante sea la calaña del conductor del navío, el que decidirá a dónde nos llevará a los que estamos a bordo. En teoría la democracia nos brinda las formas para elegir al conductor, mas la experiencia nos habla de corrupciones sistemáticas que garantizan sin fin el poder a un círculo villano.

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