«Consumismo, qué boca tan grande tienes…»

Posted on 10.mayo.2010

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Eduardo Galeano escribe desde hace mucho y lo hace con persuasión y estilo. (Espero algún día tener algo de sus atributos). Las Venas Abiertas de América Latina es su obra más célebre, la estoy leyendo actualmente y por su calidad me sorprende que su distribución sea más bien escasa, lo asumo puesto que sólo he conseguido una versión electrónica y todavía ninguna impresa.

Por azar, visité el portal Nodo50 y me puse a leer un artículo cuyo título me interesó, ¡vaya sorpresa el darme cuenta de que es del señor Galeano!:

http://www.nodo50.org/El-imperio-del-consumo.html

El imperio del consumo

Algunos enunciados harto sustanciosos:

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos.

Exactamente. El neoliberalismo ha hecho de la democracia a la vez su emblema y escudo; ha detentado su significado, sus valores, y los ha tergiversado para contener los propios, en nada parecidos, sino viles casi todos. En el mundo capitalista la libertad pareciera aplicarse por entero al libertinaje del consumo, aparte de ello, vivimos obcecados por el mismo adoctrinamiento pertinaz que en los países “enemigos del mundo libre”.

Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales.

El afán de poseer se convierte en el motor del mundo occidental moderno. Un pequeño experimento: tome una hoja en blanco y una pluma, liste sus proyectos, qué quiere para el resto de su vida… Ahora analice cuáles y cuántos son los materiales. Podría sorprenderse de los pocos que no involucren el acto de “comprar” o “adquirir”.

En nuestra rutina, incluso lo básico se ha convertido en una posesión que allegarse. Pudiera haber justicia en que lo accesorio se rija por las volubles señoras oferta y demanda; entre las marcas que descuellan entre las vendedoras de ropa, calzado, autos, electrónicos, muebles, etc., uno puede elegir pagar determinado precio -unos inflados merced a la mercadotecnia- a cambio de una mercancía, mas, ¿es justo que los productos de primera necesidad como los alimentos no procesados y las medicinas entren en el libre juego de la ganancia? Dice el señor Karl Marx en su magnum opus El Capital que justo al rebasarse el costo de generación de un producto comienza el plusvalor [1], esa riqueza que se queda en manos de los dueños de las empresas y, por ende, se convierte en su objeto. ¿Deberían las organizaciones dedicadas a la producción y distribución de productos de primera necesidad elegir la ganancia que van a obtener? Para exponer mi punto de vista vayamos a la obra marxista que referí, al inicio de ella el autor habla de un carpintero que se sostiene fabricando sillas, tomémonos la libertad de convertirlo en un fabricante de medicinas para darle lugar a un producto básico, nuestro personaje puede producir 10 pastillas que alivian la fiebre en un día, él para sustentar su hogar necesita 100 monedas diarias, esto define de manera directa lo que su trabajo vale: 10 monedas por pastilla. Un día se sobreviene un evento que pone a prueba su integridad, la localidad donde vive es asolada por una epidemia que causa fiebres mortales, él y sus colegas pueden ahora cobrar lo que se le venga en gana por las pastillas que fabrican. El aumento resultante afectaría el balance de la comunidad, las 100 monedas por familia ahora serían insuficientes, lo que provocaría que el fantasma de la carestía comenzara a cundir. En contraste, la minoría conformada por los farmacéuticos comenzaría a disfrutar de las mieles de la vida sobrada. Es visible que el poner fuera del alcance un producto básico es moralmente incorrecto, sólo que la ética es un juicio subjetivo e íntimo, entonces ¿debiera la justicia tomar cartas en el asunto y cuál sería su límite?

En el mundo occidental prima el libre mercado, según sus preceptos, es legal aumentar la ganancia -que se quedará en manos del fabricante y/o el vendedor- mientras el público siga comprando el producto en cuestión; por ello, como ejemplo, los medicamentos con patente vigente son muy costosos, los derechos de exclusividad concedidos por las autoridades les permiten obtener plusvalías onerosas pues las masas pagarán lo necesario por el alivio de sus males.

Note que a lo largo de estos apuntes he evitado usar el término “ley” para referirme a la normativa de la oferta y la demanda, lo he hecho a propósito pues las leyes de conocimiento sólo emanan de los rigores del método científico y los supuestos del libre mercado han mostrado ser bastante falibles.

Un párrafo revelador:

EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente…

Ese estadístico muestra que, además de la consabida voracidad del consumismo estadounidense, el modo de vida dictado por el consumismo no es reconfortante ni liberador. En otro tema, habla de lo consabido: la demanda de drogas ilícitas en el Primer Mundo acucia su producción igualmente ilícita en el Tercer Mundo.

¿Quién no se ha sentido avergonzado por lo que aquí describe Galeano?:

El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre.

¿Quién no se siente apesadumbrado por no poder renovar, digamos, sus zapatos aun cuando sean útiles todavía?

«Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada».

Lo siguiente me hizo recordar un artículo que leí hace tiempo sobre las modernas tiendas de raya:

«Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Se aseveraba en el artículo aquel (desafortunadamente no recuerdo ni la fuente ni el autor) que el mundo globalizado es una especie de tienda de raya en la que los trabajadores de las megacorporaciones luego van a gastar sus sueldos en adquirir productos comercializados por las mismas multinacionales.

Más sobre la globalización:

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

Las empresas han logrado rebasar a los gobiernos, en no pocos casos aquellas ponen las reglas y éstos obedecen, basta como prueba la campaña de las naciones “libres” contra las “no libres”, el combustible de ninguna manera es el humanismo sino la imposición de un modelo mercado afín a los intereses propios. Esa campaña ha podido, a fuerza de recursos invertidos y tesón, ser elevada al grado de paradigma.

Sobre la televisión:

Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos.

Por ahí leí una vez que cuando un hombre con el primer megáfono se puso hablar en medio de una multitud se materializó la muerte de la democracia.

Les recomiendo leer el ensayo completo, aunque breve, describe varios vicios del mundo moderno que tienen como factor común la voracidad del modo de vida impuesto por la hegemonía.

Notas:

  1. < “Plusvalía y unas ecuaciones sobre la explotación”: https://deshollinador.wordpress.com/2009/11/18/plusvalia-y-unas-ecuaciones-sobre-la-explotacion/
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