«No me interesa la política»

Posted on 14.mayo.2010

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Más de una vez he escuchado el deslinde: “no soy de derecha ni de izquierda”. También este otro: “no me interesa la política”. Aunque mi réplica puede sonar como exabrupto, replico: “es más preciso decir que no sabes de política”. Mi afán no es ofender sino mostrarles el suelo en el que están parados. Tomar una posición política no implica que se esté de acuerdo por completo con ella, no hay ideología que cubra nuestras estructuras íntimas, todos tenemos un cosmos personal que difícilmente encajará en el universo tangible y sus profusas complejidades. A pesar de ello, existen afinidades que forman corrientes, culturas y pensamientos colectivos, los individuos se suman para reforzarse mutuamente y lograr moldear la realidad lo mejor posible a un modelo idealizado.

En el glosario político se define respectivamente como “derecha” e “izquierda” a las corrientes preponderantes en los planos político y económico. Ambas son antagónicas entre sí… me atrevo a puntualizar que son mutuamente exclusivas, tesis y antitesis, frío y calor… y como resultado al primar una se retrae la otra. “Derecha” e “izquierda” son términos que textualmente no nos dan ninguna pista de lo que cada una refuerza o, por el contrario, combate. Cuando alguien me pregunta qué significan los términos izquierda y derecha intento ilustrárselo con una metáfora: “toma una barra y sostenla delante de ti horizontalmente, trata a la izquierda como un pivote y levanta el extremo derecho hasta que la barra quede en posición vertical, al cabo la izquierda quedará abajo y la derecha arriba… tal es el fundamento social de ambas corrientes”.

¿Quién debiera darle rumbo a la civilización? ¿“Los de arriba” o “los de abajo”? Si creyera que los privilegiados económicamente, como dueños del sector productivo, debieran ser los mandamases, entonces su pensamiento coincidirá con los derechistas. Si no estuviera de acuerdo y en su lugar tuviera la convicción de que el gobierno debiera estar en manos de la multitud, base de la pirámide de una sociedad clasista, entonces su ideología se sujetaría a los preceptos de la izquierda. Si tampoco estuviera de acuerdo con esta aseveración y pensara que ni siquiera deberían existir los individuos de “arriba” ni los otros de “abajo”, en otras palabras, que no debieran existir las castas, entonces su pensamiento se va hasta el linde último de la izquierda y colige con los principios comunistas.

“¡No soy de izquierda ni de derecha!”, se escuchan unos clamores aún. Lo entiendo. A quién le encanta que se le cuelgue una etiqueta… mas, ¿cuál es su nacionalidad?, ¿sus ojos son azabache o celestes?, ¿le complace más la comida mexicana o la italiana?, ¿cuál equipo de futbol es su favorito? Que nuestras cualidades, orientaciones y gustos nos definan es un hecho inexorable.

La segunda declaración de la que hablaba en un inicio: “no me interesa la política”… Puede pretenderse que la política no es de nuestro interés pero no por ello la señora nos dejará salir de su puño. Si formamos parte de una comunidad encabezada por un poder, entonces, del organismo formado somos, como seres gobernados, sus células primordiales. Las decisiones (las sesudas y las negligentes, las eficientes y las erradas, las egoístas y las altruistas) de nuestras autoridades inciden en la cotidianidad de las masas, hasta en la de aquellas que se confiesan apolíticas. Uno de mis piensos: no hay mejor caldo de cultivo para la corrupción de un gobierno que el de un pueblo desinteresado en su gobierno.

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Posted in: Análisis