Bendito gobierno mío

Posted on 2.julio.2010

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En el portal de La Jornada:

http://www.jornada.unam.mx/2010/07/02/index.php?section=politica&article=005n1pol

Festejo prelectoral de Calderón: 513 mil 373 empleos en 6 meses

Claudia Herrera Beltrán
Periódico La Jornada
Viernes 2 de julio de 2010, p. 5

Hay noticias que llenan de vigor, que abren nuestra bolsa interna donde se guarda el optimismo y brota y nos invade. Felipe Calderón dice tener de las buenas.

<sarcasmo>

Dice el apoderado de la nación que se ha impuesto una nueva marca, a primera ojeada pareciera que es una noticia sin más de un sentido, mas, por desconfiado y quisquilloso que soy, de alguna manera se me fijó la idea de que nos lanzó a los plebeyos un acertijo que creo haber descifrado. ¡Lo he descifrado! ¡Bendita mi preclara lucidez! Subliminalmente, al decir que su gobierno impone marcas, está confesando lo ya consabido: que su gobierno apoya la dictadura del capitalismo. Tal vez, en paralelo, está confirmando que las marcas no pagan impuestos. ¿Se cree la enorme sustancia que una sentencia construida con sapiencia puede encerrar? Admiro la concisión de los constructores de retórica empleados por el encumbrado.

Dicen los doctos oficiales en numerología que nada menos que quinientos millones de empleos han sido registrados en el noble instituto que provee salud a los ciudadanos rasos (entre ellos, este ponente). Mi soterrado discernimiento me obceca el sentido común, por ello, y no porque ose poner en duda la buena voluntad del apoderado nacional, me brota una grosera y necia pregunta: ¿si fueran la oferta de empleo aceite corriente y la demanda agua cristalina, cómo lucirían vertidos en un mismo frasco? Temo no alcanzar a distinguir el agua por más bizcos que hiciera.

¡Ni cómo contener las lágrimas al captar la frase del encumbrado, una de jaez tan elevado que remonta los picos de la democracia y alcanza los de la filantropía! Él -pronombre en mayúscula al referirse a Este Hombre aun cuando vocablo líder en la oración no fuera- tiene incompleta su alegría al captar, y sólo un perfeccionista moral podría reconocerlo, que la mítica recuperación y sus logros invisibles no han engordado las carteras de los desposeídos. Dice que espera que pronto así sea. «Pronto», he de puntualizar por mera compulsión, es un calificativo relativo, todos lo son -escucho que alguien reclama-, sin embargo, éste descuella entre en los que la relatividad prima, y, al menos en lo concerniente al cebado de bolsillos del populacho (oh, sí, me vuelvo a incluir), nadie, y no es hipérbole, conoce la cobertura ni los linderos del apurado adjetivo. ¡Que les pregunten a los pobres cuánto tiempo han esperado para desasirse de las garras de la negligencia económica! Mi temperamento amargo me dicta lo que no quiero oir: lo «pronto», en el caso de resarcimientos, quiere decir «un día en los próximos quinientos años». ¡Quién habrá de indignarse si ese lapso en términos históricos es un instante! Individuos, nuestro ego nos engaña, ¡somos pasto para el bienestar de los hijos de los hijos de los hijos… (ídem mil veces porque se me han cansado los dedos) de nuestros hijos! En referencia a la oferta de empleos, los ilustres oficiales de oficio son duchos en las asignaturas económicas, por ende, dan la impresión de que son capaces de sacar ocupaciones de la nada, como si entre sus cartas de posibilidades estuvieran las facultades asombrosas de los magos, hechiceros y demás especímenes alejados de las predecibles leyes de la materia. Me pregunto cómo se crean plazas de trabajo sin impulsar a los propios innovadores para que desarrollen lo que querremos consumir y, seguramente, otros querrán fuera de nuestras fronteras. Creen los prominentes, creencia que este humilde y aficionado ideólogo -«ideático», me corrige mi cruel sentido de la autocrítica- no logra abarcar en toda su extensión por más que le puje, que la inversión fuereña es el remedio eficaz contra el déficit de monedas. Me parece que nuestros dirigentes segregan la iniciativa de sus ciudadanos… mas, tal impresión, estoy seguro, está fundada en mi ignorancia, de otra manera, ¿dónde quedaría la gracia que es cualidad obligada en los líderes de muchedumbres y por tanto se da en miríadas en los que son cabeza de cien millones?

De acuerdo a un insigne, tan escasas como ochenta mil plazas son requeridas para que posemos la planta sobre una cúspide inaudita… Gusto da renunciar al puesto que uno ocupe para donarlo y alcanzar la loable meta, ¡sacrificios semejantes son necesarios en nombre de la Patria! (A veces los cochambres que embadurnan mi mente me orillan a pensar que la preciosa Patria es usada por la cumbre como epíteto para definir lo que más aman: el poder).

Me entero de que dijo el imperioso que en la contabilidad se han descontado las plazas abatidas… ¡me rindo, han pensado en todo y hacen inviable mi sacrificio! Les gusta jugar limpio a los reyes e impiden a todo costo que hagamos trampa los que cavilábamos en erigir una nación aun yendo por un camino empedrado de inmoralidad.

Resulta tranquilizante oír que nuestras autoridades «están haciendo la tarea». ¿Qué si no lo hicieran y velaran únicamente por sus intereses? Lo sabríamos. Pulularían los vicios como el nepotismo, la corrupción, la iniquidad, la hipocresía… ¡La Iglesia nos libre de tales males!

El preeminente afirma que él trabaja por el bienestar de la gente. Y gente es Ud. y yo y su vecino y el mío y los hijos de cada uno… Debemos estar satisfechos. Debería estarlo yo pero no es tal, me avergüenza darme cuenta que soy un cabroncejo que nunca está conforme y pide más y más y no alcanza, por efecto de los diversos desórdenes que he confesado a lo largo de este texto, a distinguir el gusto de la divinidad, sacrificio, desprendimiento, altruismo, amparo y demás mieles que manan de nuestro alto mando. Ellos beatos, todos.

</sarcasmo>

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